Mi camino en el yoga comenzó hace más de 25 años, impulsado por una búsqueda personal de conexión profunda con el cuerpo y con la vida.
Después de una formación inicial marcada por el patinaje artístico —escuela de disciplina, precisión y equilibrio— sentí la necesidad de llevar esa exigencia hacia un lugar más interno y menos competitivo. Así descubrí que la verdadera alineación no es externa: el cuerpo no es un instrumento para ser juzgado, sino un mapa para ser explorado.
Somos un flujo constante de movimiento y consciencia; un pulso que late en sintonía con la vida. Pasé de buscar el salto perfecto a buscar la conexión entre cuerpo y mente; de la competencia, a la libertad del autoconocimiento.
Tras estudiar en Argentina y profundizar con maestros en México y Estados Unidos, hoy acompaño a cada alumno con cercanía y profesionalismo para que encuentre en el Yoga la misma energía, equilibrio y paz que yo encontré.